Hola otra vez.

Me estoy acercando a los cuatro años de experiencia en el rubro y tengo un par de pensamientos que voy a compartir contigo.


A menudo me preguntan si estaba nerviosa la primera vez que trabajé. 


Y la respuesta es no. 


No sé si exista tal cosa como la “vocación” dentro de esta área, pero sí puedo decir que habemos mujeres que nacemos con un estómago más fuerte que otras. Es tan simple como eso. También es necesario ser lo suficientemente empáticas para entender ciertas conductas pertenecientes a la persona que nos visita. 


Es necesario entender que existe una razón tras esa visita y que muchas veces, no nos concierne. Hay una delgada línea entre mostrar interés suficiente y ser chismosa. Muchos aprecian que les preguntemos cómo están o cómo se han sentido en su cotidianidad, porque tristemente, nadie más se preocupa tanto de ellos como nosotras. Mientras otros, sólo quieren echarse un polvo y salir de ahí para continuar con sus actividades, lo más libre de culpa posible. 


Con respecto a lo que he visto hasta ahora en mi clientela, no sabría por dónde empezar. 


Algo que aprendí del día uno, es que las apariencias engañan. Mucho. Mas no siempre. Me visitó alguien que me trató como a una reina, para luego escuchar tras bambalinas que me comí a un tipo que guarda carpetas por orden alfabético de todas las chicas que ha visitado, con fotos que rescata de cuando estuvieron publicadas y, si le llegó a encontrar un instagram público, con capturas de su perfil. 


Me visitó accidentalmente un conocido que jamás divulgó haberme visto, porque en ese momento estaba casado y con planes de formar familia. 


Me visitó en varias oportunidades un enorme señor con un fetiche no tan fuera de lo común, que se fumaba una cajetilla de 10 en un lapso de dos horas. Muchas detestaban atenderlo, más por su fetiche que por el hecho de fumar tanto. 


Un chico dulce, usuario de silla de ruedas, a quien ayudaba a desvestir y vestir una vez pasado el rato. 


Un adicto al crack. 


Padres de familia.


Vírgenes.


Etc.


Es una ruleta rusa. Y una tiene que aprender a enfocarse en lo que está haciendo, sin juzgar. Por muy difícil que sea. 


Después de todo, si pudiésemos seleccionar a quienes nosotras quisiéramos atender en base a la apariencia, no tendríamos trabajo. Así de simple.


Por otro lado, mis amigas del colegio que saben sobre mi lado B, a menudo bromean con que soy una especie de enciclopedia sexual, cuando la realidad es que en mi lado A, vivo mi sexualidad como a mí siempre me ha gustado hacerlo, solo que con un poco más de experiencia encima. Que sepa ponerme el pie tras la cabeza no implica que disfrute hacerlo todos los días. 


Separemos las fantasías esporádicas de las cosas que nos satisface hacer a diario, porque de lo contrario, la fantasía pasa a ser la realidad, hasta que ya no queda nada más con qué fantasear. Para qué agotar el recurso?


Cuando te independizas, te das cuenta de todo lo que implica hacer tu trabajo (además de atender, dah). Desde invertir en lencería, hasta estar renovando las fotos. Conseguir locación, hacerte las uñas, estar en forma, etc. 


Pero bueno, aquí estoy.


Me gusta lo que hago. 

Que se sepa y se valore.








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