La ciudad de las bicis.
Estaba parada fuera del coffee shop, conversando con una francesa ultra buena onda sobre cosas triviales. Tenía el cabello largo, marrón y rizado, ojos oscuros, medía mas o menos lo mismo que yo y mientras hablábamos, pensaba en lo bacán que es poder casi que contarle tu existencia entera a una persona que probablemente nunca más en la vida vas a ver. Ni siquiera recuerdo su nombre. Yo creo que era efecto de la pinta de Leffe que había bebido y estaba bien buena. Sus amigos la llamaron a lo lejos, para decirle que se uniera a ellos y se fueran a carretear a otro lado, así que nos despedimos y eso fue todo. Muy "Antes del amanecer" pero epic fail. Cinco minutos de película y altiro, los créditos.
Al marcharse ella, se me acerca un tipo, extremadamente caucásico, curado como zapato, con expresión de aquí te las traigo Peter y que con suerte se podía el cuerpo. Venía con su amigo (que más que amigo parecía gemelo porque tenían las mismas características físicas) agarrados del hombro, chomierr. El pobre alcanzó a decir una palabra y yo lo interrumpí con dos.
- "Piss off".
Dos coma cinco segundos después, Mr. Dutch estaba a cinco metros de distancia.
Me puse a caminar por el barrio rojo, pasmada con la onda de las calles y explorando, tomando notas mentales sobre todo lo que veía y notando que todas las chicas tras las vitrinas eran 2.0.
Hermosas, mas aquí no existía el alma de una cabra que no hubiese pasado por el pabellón, o no tuviese inyección en la cara. Me preguntaba si acaso esto era tendencia o si el gusto general europeo simplemente era una fusión de lo que era sexy en los años 90 con un futuro medio cyberpunk. Las mujeres eran avatars de Second Life. Recuerdo haber visto cuerpos y caras así en los sitios web de vestir muñecas que jugaba cuando era chica. Muchas estaban sentadas con cara de cansancio, mirando sus teléfonos, mientras otras se paraban y te buscaban con la mirada. Me acordé mucho de Harry Potter caminando por el callejón Diagon mientras unos magos churris intentaban preguntarle qué andaba buscando, hasta que Hagrid llega y lo rescata.
Entré a un sex shop subterráneo que tenía una onda intimidante. Me acerqué al sector de lencería y las posibilidades eran infinitas. "Made in Colombia" decía en el reverso. No sé a ti, pero a mí me hizo todo el sentido del mundo. Tenían máscaras de cuero, arneses de literalmente todos los colores y mi paneo se detuvo instantáneamente cuando mis ojos llegaron a un plug dilatador anal de silicona que era tan más guatón como que un rollo entero de confort.
- Pero cómo chucha le cabe esto a alguien?! - Pensé en voz alta, miré por atrás de mi hombro y volví a observarlo.
Me sentí en la tentación de adquirir algún artilugio interesante - cualquiera menos el plug para titanes - pero luego pensé que tengo suficientes y en lo personal no me considero una coleccionista de juguetes sexuales... tengo un cajoncito con mis cosas, pero no estoy en planes de armar un calabozo aún.
Salí de la tienda para seguir caminando, mientras mi mundo esa noche se teñía de rojo. Me sentía muy lejos y a la vez muy cerca de estar en casa.
