El evidente favorito

…Ni siquiera me acuerdo de la marca. Hitachi no era. Pero era ese mismo concepto de juguete, en color negro y con un cable de enchufe igual largo. No era inalámbrico. Me lo compré en un sex shop en Tokio y mientras lo pagaba en caja, observaba boquiabierta los videos que pasaban en la tele. Sentía que todos los fluidos iban a salir en 4D de la pantalla.

Comprar un adaptador y enchufarlo fueron las primeras dos cosas que hice cuando llegué de vuelta a Santiago. Me metí bajo las sábanas dispuesta a pasar tardes eternas explorando la intensidad de este micrófono mágico.

Cuatro veranos más tarde, venía notando cómo el cable se venía desgastando, ganando siempre la calentura, o lo suficiente como para obviar el peligro que significaba y usarlo igual. 

En uno de mis tantos rituales, el cable explotó justo en la base del juguete, y quedé en shock un rato. No me pasó nada, pero estuve a medio metro de estar contando esta historia en Urgencias. De eso ya ha pasado como un año. 

Soy agnóstica, pero si existiera un dios, yo creo que intentó enviarme una señal.






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